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No es lo que miro, sino cómo lo miro. Por: Juan Gilberto Villegas

Posted by Aire Inmobiliaria Administrador on 02/08/2026
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Mirar tampoco es un acto neutro. Al principio todo me parecía fotogénico y muy ajustado a las apariencias que tenía idealizadas. Pero esa facilidad empezó pronto a incomodarme y reveló sus limitaciones. Es que cuando la mirada se va afinando aparecen regímenes invisibles (formas de trabajo y cuidado, arreglos sociales y degradaciones acumuladas) que conviven con lo que las fotografías registran. No estoy seguro, pero la tensión entre ambos planos, visible e invisible, no se resuelve por la multiplicación de representaciones, esa distancia no se salva con más imágenes ni con palabras mejores. Eso exige otra forma de atención, una mirada entrenada que se permite la demora y que toma atenta nota de lo mínimo.

Cuando hablo de trabajo visible me refiero a lo que se ve y que pocas veces, o nunca, se presenta como noticia (lavar, tender, recoger). La cuerda para secar la ropa es una escena repetida en todas las casas incrustadas en la montaña, igual que la paciencia de quienes esperan que el sol haga su parte. Es tiempo invertido que se repite todos los días, que mantiene y cuida la vida cotidiana. Las repeticiones materiales (esas escenas que se repiten hoy, mañana y siempre) son señales de procesos que se observan en todo el territorio del Paisaje Cultural Cafetero; no son gestos aislados sino patrones que permiten identificar cómo funciona un lugar en su cotidianidad. Por supuesto, en esas repeticiones aparecen huellas humanas, como la ropa que nombra a alguien sin que esa persona tenga que salir en la foto, botas gastadas que delatan trabajo físico. Entonces, cuando se juntan todas esas pistas, uno puede ver no solo las costumbres sino también la presencia indirecta de quienes habitan un lugar y las decisiones que van moldeando un territorio.

A veces esas repeticiones incluyen perros, pájaros, gallinas, vacas. Son escenas y presencias mínimas que a menudo se consideran inconexas, pero que en realidad no son decorativas ni excepcionales, sino parte del mismo tejido cotidiano, indican ritmos, marcan usos del espacio y ponen en evidencia acuerdos silenciosos entre humanos, animales y un lugar. También son huellas, señales de vidas, prácticas y relaciones, que quedan sin que nadie tenga que aparecer o posar. Cuando esas pequeñas escenas se repiten, dejan de ser meros detalles para convertirse en una especie de indicio, y en esa escala (que es mínima y persistente) es donde un territorio empieza a volverse legible.

Con el tiempo comprendo que lo ordinario no es el fondo de las cosas sino su materia principal. Y ojo, con volver lo ordinario materia de observación no pretendo estetizarlo sino hacerlo legible. Por eso registro continuidades, desgastes, adaptaciones, pequeñas decisiones que organizan la vida cotidiana.  De modo que, cuando esa insistencia se observa con cuidado, lo cotidiano se vuelve información y deja de ser solamente paisaje.

Al final, esta forma de mirar no pertenece a la fotografía, tiene que ver con la atención. Lo cierto es que cada vida está hecha de material observable (repeticiones, gestos, rastros). No es necesaria una cámara ni un paisaje particular, pero si detenerse. No sirve para explicar el mundo, pero tal vez sí para volverlo un poco más legible.

Juan Gilberto Villegas Castaño

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