Your search results

Sobre la urgencia y lo que enseña la montaña. Por: Juan Gilberto Villegas

Posted by Aire Inmobiliaria Administrador on 05/18/2025
0

Últimamente vivimos ahogados en la urgencia. Parece que estar ocupado y cansado es sinónimo de éxito, como si vivir afanado fuera una señal de estatus. Vamos por ahí corriendo, frunciendo el ceño y con la mirada pegada a un celular, midiendo nuestro valor por lo cansados que estemos. El agotamiento se ha convertido en un trofeo, en una prueba de que estamos haciendo algo con nuestras vidas. Se piensa que estar ocupados nos hace importantes. Pero en realidad nos roba la vida.

Trabajar en las montañas del Eje Cafetero colombiano, y en sus pueblos, no es que me haya revelado respuestas definitivas, pero sí me ha obligado a mirar de frente muchas preguntas que antes evitaba. En ese entorno en el que casi todo se mide en ciclos naturales, el silencio se vuelve espacio para el pensamiento.

Entonces, no es que la montaña ofrezca certezas, pero sus ritmos si desmantelan lo que creía verdadero. En ese entorno se comprende mejor la idea, tan repetida y tantas veces comercializada en libros de autoayuda, de que el presente es donde la vida realmente ocurre.

Entender que el presente es la única vida que tenemos es un cambio que, aunque parece pequeño, va desmontando viejos hábitos. Sin que uno se dé cuenta, empieza a cambiar la manera de estar en el mundo.

Cuando eso se interioriza el ciclo de la muerte y la vida deja de ser una metáfora lejana y se convierte en un juicio brutal contra la ilusión de la ocupación. Desaparece la noción de que la ocupación constante es sinónimo de valor. Se comprende que la verdadera importancia viene de estar plenamente presentes, reconociendo que cada instante vivido con atención es, en sí mismo, un logro.

Obviamente, también cambia la manera en que uno observa a los demás. Se empieza a reconocer un tipo de presencia que antes simplemente pasaba desapercibida, la de quienes habitan el momento sin afanes, sin urgencia. Personas, y también animales, que parecen estar realmente donde están. Se empieza a intuir que hay una inteligencia distinta en esa forma de existir, no la que resuelve rápido, sino la que atiende con profundidad. Y uno que venía habituado a medirlo todo por velocidad y rendimiento, empieza a mirar con respeto a quienes han aprendido a no correr.

Ese reconocimiento es un acto de humildad y también de libertad porque en la entrega a esos tiempos y ciclos naturales se encuentra una tranquilidad que viene de la aceptación profunda de que no todo depende de nosotros, de que no todo lo podemos controlar. Y esa relación con la montaña se constituye en una enseñanza sobre nuestra humanidad, la paciencia, el respeto por los ritmos propios y ajenos, y la capacidad de adaptarnos sin perder el sentido de lo esencial.

Esa forma de ver no significa que uno se haya transformado para siempre. Cuando uno vuelve a la ciudad o se cruza con la primera señal de internet, la urgencia vuelve a tirar con fuerza, pero ya no encuentra a alguien entregado del todo. Ahora hay un límite, una especie de desacuerdo interno. Y eso es suficiente. No es una iluminación permanente, ni mucho menos, pero sí una noción de que otra manera de estar es posible.

Juan Gilberto Villegas Castaño

Compare Listings

Déjanos tus datos y nos comunicaremos contigo