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Sobre la caficultura de ladera y los límites. Por: Juan Gilberto Villegas

Posted by Aire Inmobiliaria Administrador on 06/07/2026
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Creo que hay una obsesión contemporánea por quitarle fricción a la vida. Ahora todo debe llegar rápido y sin espera, sin la fatiga de caminar, de cargar, de resolver en el camino. No sé si eso sea malo por sí solo, pero sospecho que algo no está bien cuando una sociedad empieza a creer que toda dificultad es un error y que todo obstáculo debería desaparecer.

Quienes trabajan en una ladera aprenden que hay condiciones con las que no se puede negociar porque las montañas obligan a reconocer ciertos límites. Gran parte de la vida en estos territorios se ha construido así, encontrando maneras de convivir con las dificultades.

La caficultura de ladera nunca ha consistido únicamente en producir café. Aunque la técnica, la infraestructura y la tecnología hayan cambiado muchas cosas, la pendiente sigue imponiendo condiciones. También la lluvia, o su ausencia. Lo mismo ocurre con los ciclos biológicos o con la incertidumbre de una cosecha. Seguramente por eso la caficultura de ladera y montaña ha sido también una manera de relacionarse con el riesgo y con aquello que está fuera de nuestro control.

Por muchos años, parte del desarrollo cafetero ha buscado precisamente reducir incertidumbres. Nuevas variedades, asistencia técnica, infraestructura, investigación, formas más eficientes de transportar, secar o comercializar el café. Sería absurdo desconocer lo que todo eso ha significado para muchas familias cafeteras. Sin embargo, hay algo que sigue llamando la atención, y es que a medida que aumentan las herramientas para anticipar y controlar ciertos riesgos, aparecen otros. La falta de mano de obra es uno de ellos. Parece ser que cada vez son menos quienes están dispuestos a asumir un trabajo físicamente exigente, estacional y sujeto a las condiciones de la montaña. No necesariamente porque alguien esté equivocado, sino porque las formas de imaginar una buena vida también han cambiado. Una cosa es administrar mejor las condiciones y otra muy distinta hacerlas desaparecer.

Creo que por eso la escasez de mano de obra no es solamente un problema productivo, pues también dice mucho sobre nuestra época. Mientras gran parte de la sociedad intenta ordenar la vida para reducir esperas, esfuerzos y fricciones, ciertas actividades siguen exigiendo cuerpos dispuestos a caminar lomas, cargar peso, esperar procesos y trabajar bajo condiciones que no pueden modificarse. Seguramente por eso el problema resulta tan difícil de resolver, ya que no se trata únicamente de economía o de productividad, además tiene que ver con la manera en que una sociedad se relaciona con los límites.

Entonces no se trata de volver más dura la vida rural ni de convertir la incomodidad en virtud. Tampoco de decir que antes todo era mejor. El asunto es que hay actividades, lugares y oficios que siguen dependiendo de otra relación, quizás más lenta, con el tiempo y sobre todo con la incertidumbre. En la caficultura de ladera eso se ve con claridad. Una cosecha puede salir bien o mal por razones que no siempre están de nuestro lado. Eso obliga a otra manera de estar en el territorio.

De pronto por eso la caficultura de ladera y montaña resulta tan interesante. No porque tenga algo excepcional (o tal vez si). Más bien porque ocurre en un contexto donde ciertas condiciones siguen teniendo la capacidad de imponerse sobre nosotros.

Eso habla mucho más de nuestra época que del propio café. Porque mientras una parte de la sociedad se acostumbra a que las cosas respondan cada vez más rápido, en la ladera siguen existiendo riesgos y condiciones que no se ajustan a esa lógica. Por eso la caficultura de ladera y montaña sigue siendo un lugar interesante para pensar cómo una sociedad se relaciona con lo que no se puede controlar.

Juan Gilberto Villegas Castaño

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